Feliz Cumpleaños Licey, Con los Spikes en Alto

Por PH
El Caribe, Pagina 16
Noviembre 7, 1959
Se ha aceptado ya como hecho histórico que el Licey nació a la vida fecunda del deporte en la noche del 7 de Noviembre del 1907, hace hoy 52 años, y que en una canastilla azul lo trajo al mundo un grupo de ardorosos jóvenes que a invitación de Vicente María Vallejo, líder deportivo de principios de siglo en esta capital, se reunieron en su hogar con el objeto de forma un club de béisbol que pudiera terciar en el predominio que ejercían entonces rivales naturales los equipos Casino y Vía.
Aunque se ha escrito que la fundación del Licey obedeció al deseo de dichos jóvenes de presentar un conjunto que les diera la batalla a los equipos Ozama  y Nuevo Club que eran los mandamases de la época, no parece ser así, de acuerdo con los viejos pergaminos hurgados para esta ocasión.
El Nuevo Club, que poseía un arma mortal en el brazo mitológico de Enrique Hernández, el Indio Bravo que hubiera valido un millón de pesos en el béisbol grande actual, fue fundado posteriormente, con los remanentes del Gimnasio Escolar y las nuevas figuras del activo béisbol capitaleño, y tuvo su primer choque con los Tigres el 10 de Junio del 1911, es decir 19 días después de la fecha de su fundación el 22 de mayo del mismo año, de acuerdo con lo que afirma el historiógrafo de béisbol dominicano más socorrido, Talito Arredondo, cuya fuente hay que convenir en que está muy militada por la carencia de datos que  la distancia de medio siglo, son muy confusos.
Los apóstoles
Se ha aceptado que la unión fue efectuada en la calle El Conde, en la casa donde estuvo durante mucho tiempo el establecimiento de Roquito Capano, quien entonces a pesar de que andaba el tiempo fue uno de los directivos del equipo, apenas era un “caro bambino” del señor Capano, en Azua.
Y se ha aceptado también que la siguiente es la lista de participantes en la formación del equipo, unos que asistieron a la primera reunión y otros que tomaron parte en las sucesivas, hasta darle el nombre de Licey, nombre que parodiando la frase histórica, no puede omitirse cuando se escriba la historia del béisbol dominicano:
Angel Mieses Lajara, Luis Fiallo, Tutú Martínez, Federico Fiallo, Cuncón Pou, Salvador Piñeyro Ninito Penson, Ernesto Benítez, Lépido Ricart, Luis Castillo, el querido Pichán Vallejo Vicente María Vallejo, Geo Pou, Virgilio Abreu, Ibo Contín, Álvaro Álvarez, Chichí Mieses, Tutuh Perdomo, Luis Vallejo, Bensito Sánchez, Alberto Peña y dos pipiolos entonces  – Arturo Nolasco y Tulio H. Pina.
Quizás la leyenda interesa la ha colocado algunos; quizás el olvido ha dejado fuera a otros pero están ahí los que se consideran precursores, los apóstoles que dieron la buena nueva del nacimiento del tigre. Es como si hubiera podido extraerse un zumo de la maraña en que se han extraviado los datos que desearían tener a mano el investigador después de 52 años de aquel feliz suceso.
Leyenda y fantasía
Es innegable que la leyenda y la fantasía han sido las hadas madrinas de un equipo que, como el Licey, se creó desde su aparición en el caballeresco palenque de aquellos tiempos –medio siglo que es toda una vida- la más indestructible mística de nuestros anales deportivos. Esa es la razón de que su historia sea una trama sentimental de recuerdos, que se transmiten de iniciado a iniciado, sin que no obstante haya la fecha exacta, el dato cierto, el número frío, a pesar de todas las encuestas habidas y por haber.
En la lista o relación que antecede, figuran muchos muertos que hay que recordar siempre con cariño, y algunos pocos vivos a quienes se les dota su postrimería de vida con la radiante luz que les ofrenda cada triunfo del Licey.
Son personas que se aproximan a su ocaso, pero que sienten, que saben, que palpan que el Licey está ahí erguido en la victoria tanto como en los reveses, encendiendo con altivez la llama vivificadora, soplando sobre las pavesas de un pasado glorioso que tiene siempre sus cenizas tibias, haciendo evocar las inolvidables tardes del Gimnasio Escolar, contra el Nuevo Club y los demás adversarios; de San Pedro de Macorís, contra Batey y Macorís; de Santiago contra Yaque e Inoa; de La Vega contra Camú y Jimenoa… dejando dondequiera la huella de su gloria y la simiente de la gran misión que ha cumplido en nuestro béisbol.
Porque sin pasión pueril, el nacimiento del Licey ha servid para encauzar y dar anchas derroteros al espíritu combativo de nuestra juventud, ese espíritu que es imprescindible en esta clase de justas. Pueden otros equipos seguir la huella. Pueden haber dado iguales o mejor sazonados frutos; pero nadie puede discutir al Licey su condición prístina de pionero, de precursor.
El nombre glorioso
En definitiva, nos e ha aceptado la razón que impulsó a darle el nombre al equipo, cosa que confirma la falta de solidez en los datos que encuentra el investigador.
Sin embargo de las encuestas públicas y de las discusiones particulares han surgido dos corrientes: una adjudica el padrinazgo del nombre de Licey a Luis E. Fiallo, afirmando que por allá por los años de 1901 a 1907 él tenía una novia en la sección de Licey, jurisdicción de La Vega, y que en una de las reuniones celebradas donde Vallejo, propuso darle ese nombre al equipo, pensando en la novia y en el pueblecito donde había nacido la casta paloma de sus encantos.
La otra corriente tiene como base un motivo práctico, además del sentimental que se le puso de ñapa Se buscaba un nombre corto, de cinco letras, y que “pegara” por su sonoridad.
Sea Luis Fiallo u otro, alguien había contraído un compromiso amoroso en Moca, y en sus viajes a caballo desde la capital, pasaba por el bello poblado cercano a dicha ciudad, que se llama Licey. Propuso el nombre, y el nombre quedó.
Sea uno que se enamoró en jurisdicción de La Vega u otro que se enamoró en jurisdicción de Moca, el caso es que Licey fue el nombre adoptado, para amparar el nacimiento del equipo azul.
Con los datos al alcance del columnista, esa es una versión lo más despejada posible de la fantasía, acerca de lo que todos los liceístas del país conmemoran hoy…
Otra vez, happybirthday, Licey, con 52 velitas.

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