SE CUMPLEN 66 AÑOS DEL NO-HITTER DE GUAYUBÍN OLIVO

Por DiMaggio Abreu

SANTO DOMINGO (Licey.com).  Hace 66 años, los Tigres del Licey y su astro del montículo Diómenes -Guayubín- Olivo firmaron una de las gestas que han trillado la historia de gloria y tradición de la organización: el primer juego sin hit ni carrera del béisbol profesional dominicano.

La tarde del sábado 29 de mayo de 1954, en el llamado estadio de La Normal, Olivo  lanzó un no-hitter contra Los Leones del Escogido para encaminar a los Tigres un triunfo por 3-0 carreras, el primer partido de esa naturaleza desde que puso en órbita la pelota profesional del país en el verano de 1951.

El mejor lanzador zurdo de este béisbol, que en 1955 giró a la época otoño invernal y se mantiene vigente 70 años después, es dueño de varias marcas, como las 86 victorias por vida y sus 160 ponches propinados en la temporada 1960-61 que se disputó solo con jugares nativos.

Por vida pinchó 742 bateadores, lanzó 13 blanqueadas, en cuatro temporadas obtuvo 10 o más triunfos y concluyó con efectividad de 2.11.

El no-hitter que este viernes 29 cumple 66 años fue el segundo de tres que se les reconocen a “La Montaña Noroestana”.

En uno de los tantos torneos que se realizaron entre 1937 y 1950 sin el rigor que se puso vigente en 1951, Olivo se uniformó por única ocasión con el Escogido y dejó sin hit ni anotación al Licey. Fue el 28 de septiembre de 1947 en el campo del hipódromo Perla Antillana, también utilizado como escenario para el béisbol de la época. José -Achín- Matos fue el rival por los azules.

A sus 44 años, el 22 de julio de 1963 en partido recortado a siete episodios de la Liga Internacional, Triple A de Estados Unidos, Guayubín recetó su tercera medicina sin hit ni carrera. La víctima fue el equipo Toronto, al que venció por 2-0, mientras lanzaba para el Atlanta, sucursal de los Cardenales de San Luis.

Ese fue el año de su retiro del béisbol foráneo y del invernal lo hizo en la siguiente temporada, cuando fue parte de la gesta histórica de los Tigres de ganar cinco juegos seguidos de la Serie Final 1963-64, después de perder los tres primeros de las Águilas, una marca indeleble de la pelota autóctona.

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