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RECORDAR El béisbol: otra industria sin chimeneas en RD En los días finales del mes de agosto/2001, el dominicano Mario Encarnación se estrenó como pelotero profesional; junto a otros dominicanos ingresó a la superexclusiva lista de los que debutan en las Ligas Mayores de Béisbol. Manuela Lora/EL SIGLO
Es una industria indetenible, y una demostración de que la potencia dominicana no es ignorada en Estados Unidos. Este talento ha movido a que 28 de los 30 equipos de las Ligas Mayores se ocuparan en establecer una Academia de Béisbol (de cada uno de ellos) en el país. Además de la academia Hiroshima Toyo Card, que produce peloteros para esa franquicia que opera en las Grandes Ligas de Japón. Estas academias se suplen, además de su personal técnico de apoyo, de los "Bill dog", un tipo de 'buscón' o caza—talentos cuya labor consiste en visitar ligas de béisbol criollas, barrios, pueblos y campos en busca de 'peloteros en potencia'. Cuando encuentran un jugador cuyas condiciones físicas les parecen favorables, los llevan a los programas que desarrollan los equipos norteamericanos en el país para captar futuras estrellas. República Dominicana es el único país, después de Estados Unidos, donde opera una liga de béisbol con los mismos programas y ordenamientos de esa potencia mundial. Hasta agosto de este año 15 dominicanos debutaron en Grandes Ligas (GL): Alberto Pujols, en San Luis; José Núñez, en San Diego; Víctor Santos, en Detroit; José Acevedo, en Cincinnati; Jesús Colomé, en Tampa Bay; Juan Uribe, en los Rockies de Colorado; Wascar Serrano, en los Padres de San Diego; Juan Pineda, en Detroit; Pedro Santana, de Detroit; Joaquín Benoit, en Texas; Henry Mateo, en Expos de Montreal; Juan Cruz, en Chicago; Benito Báez, en Florida, Mario Encarnación, en los Rockies de Colorado y Carlos Peña, en Texas. Oficialmente, un total de 132 dominicanos figuran en los roster de los equipos de mayores para la temporada de este año, aparte de la presencia de Felipe Alou, que estuvo hasta hace poco como manager, y los coaches Alfredo Griffin, Manny Mota, William Castro y Nelson Norman. El béisbol es parte importante de este país, y es que no sólo se trata del dinero que llega a los bolsillos de los jugadores dominicanos, y que es motivo de alegría y orgullo para todos los fanáticos... esa importancia va más allá. POR AMOR. El dominicano va al play a apoyar su equipo, a gozar si gana, a llorar si pierde, a pelear por las decisiones de un árbitro, a saltar y aplaudir por las estrategias de los peloteros, a tomarse una cerveza para tranquilizarse en los momentos de tensión, mover su banderita en los momentos de locura, vociferarle improperios al equipo contrario, a burlarse de los errores de los novatos y los no tanto... van al play y lo disfrutan, como si fuera el último juego de pelota que presenciaran en su vida. Lo mejor de todo es que esta efervescencia se extiende a lo que podría tacharse como extensiones del play: los 'colmadones'. En 'tiempos de pelota' no importa lo que se venda o no en las mañanas, porque en las tardes los fanáticos del barrio 'ocupan' el negocio y observan el juego en la televisión que pende de una de las paredes. En este caso, blancos y cimarrones se reúnen en espacios reducidos, en los que deben atarse a la cordura para no llegar a la violencia.
Los sueldos dejan a todos boquiabiertos... más cuando se habla del contrato de Alex Rodríguez (US$25 millones), Manny Ramírez (US$20 millones) o Pedro Martínez (US$11 millones 500 mil) por cada temporada: son la inspiración de todos los que día a día practican en busca de ser tan buenos como ellos, y la de cientos de padres que están llevando a sus hijos desde pequeños a practicar, "a ver si dan la talla". Aunque no se puede hablar de un sueldo promedio en Grandes Ligas, sí se puede afirmar que los dominicanos son de los más favorecidos, pues aunque existen jugadores que han ganado US$1 millón por temporada, como Adrián Beltré, Tony Eusebio, Bartolo Colón y Julián Tavárez, hay otros como Pedro Astacio, Ramón Martínez y Juan Guzmán que, por ejemplo, en la temporada del 2000 recibieron más de US$6 millones. Pero... ¿cómo cambia la vida de los peloteros cuando reciben este dinero? Los ex jugadores de GL Winston —Chilote— Llenas y Junior Noboa compartieron, en entrevistas separadas y en exclusiva para EL SIGLO, sus experiencias. ESTRELLA. La historia de Winston –Chilote- Llenas es diferente porque el éxito no hizo que se olvidara de los días de vacaciones que pasó en casa de su padrino Félix Henríquez, en Bajabonico Arriba, cuando todavía existía el tren que recorría varias regiones del Cibao. Para él llegar a Grandes Ligas fue una sorpresa de la cual todavía no se recupera, pues aún sigue pensando en el momento en que recibió el bono de su contrato para trabajar con Los Angelinos de California, cuando sólo contaba con 17 años. Al rubricar aquel papel, en el que se establecía un sueldo de US$250.00 mensuales, no sabía que estaba abandonando su sueño de estudiar ingeniería civil (cosa que aún añora). Hoy, a 40 años de aquel acontecimiento que cambió el rumbo de su vida, Chilote expresa, con ánimos de aceptación: "Todo ocurrió muy rápido". Hijo de Antonio Llenas, un agente vendedor, y Magda Aracelis Dávila, una ama de casa que murió en sus brazos en un hospital newyorquino al año de estar jugando en las Ligas Mayores, Chilote se siente realizado y feliz porque formó parte de una generación para la que el béisbol no fue la puerta hacia la riqueza, sino el deporte que jugaban con pasión en sus tiempos de ocio, el juego a través del cual compartían con sus amigos, su pasatiempo favorito: "No como ahora, que los papás llevan a los muchachitos a las ligas infantiles pensando 'déjame ver si éste es el que me va a sacar de mi problema'. Nosotros no pensábamos en eso, teníamos una visión diferente", expresó. El tercera base de Los Angelinos afirma que los peloteros dominicanos en el pasado tuvieron que esforzarse, incluso para entender la definición norteamericana del béisbol: un espectáculo: "Para nosotros (los dominicanos) no era ningún espectáculo, cuando jugamos pelota lo hacemos con pasión, y nos 'matamos' discutiendo con cualquiera por una jugada". Aunque dice que los peloteros reciben mucha presión y son tentados a entrar al mundo del alcohol y las drogas diariamente, está consciente de que los más propensos a caer son los más jóvenes y con menos preparación humana y académica, ya que al verse solos en un país como Estados Unidos, con todo el dinero que ganan y rodeados de falsos amigos, el acceso a los narcóticos se facilita demasiado. Mientras tanto, Chilote se conforma con un vicio que no piensa dejar, aunque continúe provocándole acidez: la tacita de café en la mañana. Por otro lado, resaltó que el norteamericano cuando va a ver un juego de pelota se prepara para ver un espectáculo junto a la familia, mientras que el dominicano… "Olvídate, aquí el equipo tuyo tiene que ganar y que no se te siente al lado uno del otro equipo, porque eso es una discusión segura", dijo, y añadió que esa pasión es la que impulsa a tantos jóvenes y niños a practicar este deporte. Chilote indicó que gran parte de sus ganancias la invirtió en negocios inmobiliarios y en darle una buena educación a sus cuatro hijas, pero aclaró: "mi fama no va a la par con mi cuenta bancaria". En la actualidad es el representante de Los Indios de Cleveland, equipo que tiene una academia en Santiago y otra en Santo Domingo, en la que, según Chilote, se refuerzan los valores humanos y académicos de los jóvenes que seleccionan. "Hay que enseñarles a esos muchachos cómo manejar el éxito… y el fracaso", puntualizó. FAMA. Junior Noboa es otro de los grandes peloteros dominicanos que manejó su imagen y sus ganancias de manera inteligente. Oriundo de Azua de Compostela, Noboa dice estar orgulloso de la profesión que escogió: "Si volviera a nacer sería de nuevo un pelotero". Su padre, Milcíades (Chide) Noboa, jugaba béisbol y softboll aficionado, y fue quien sembró en él la pasión por este deporte. A los siete años su familia se traslada a la Capital, lo que aprovechó su padre para inscribirlo en la Liga de Béisbol Manuel Mota, donde dice haberse perfilado como un buen pelotero, aunque aclaró que también pasó por las ligas La Javilla y Mercedes, donde tuvo también interesantes experiencias. Ingresar a Grandes Ligas no sólo le sorprende, sino que le hace saborear a temprana edad (16 años) la emoción de integrarse a un equipo como el de Los Indios de Cleveland, pasando primero por las Rockies Ligues y las AA. Cuando firmó con este equipo recibió un bono de US$16 mil, cifra que para el 1984 representaba el mejor bono que se había dado en toda la historia del país. Noboa justificó los bonos y sueldos que los dominicanos reciben en las Mayores en la actualidad diciendo: "el jugador dominicano en especial ha demostrado que es un jugador de mucha calidad". Con aquel dinero que recibió al inicio de su carrera lo primero que hizo Noboa fue comprarle una casa a sus padres y pagar todas las deudas que tenía la familia. Actualmente su padre labora junto a él en un nuevo proyecto de academia de béisbol que poseen en Boca Chica. En cuanto a la formación de los nuevos jóvenes peloteros, Noboa manifestó que definitivamente, "los niños, los jóvenes, el béisbol y los estudios deben ir agarrados de las manos, porque es más fácil desarrollarse para un joven cuando tiene cierto nivel educativo, porque puede entender muchas cosas que no entendería alguien que no tenga formación". En cuanto al tema de los vicios, Noboa explicó que donde quiera que se conjuga la fama y la riqueza, siempre existen las tentaciones de las drogas y el alcohol. "El atleta debe tener mucho cuidado con las personas que le rodean y en las cosas que utilizan para su cuidado personal".
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